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Articulación 2.0: navegar fronteras difusas

Integrar es componer un todo partiendo de segmentos preexistentes que no encajan tal como están. Esta es una manera de definir lo que hacemos. Integramos sistemas, herramientas, culturas, metodologías, lenguajes; articulándolos. Algunas de estas partes ya existen en el campo donde intervenimos. Dependiendo del objetivo buscado, a veces tenemos que reformularlas o diseñarles acoples.  Se trata siempre de una tarea compleja y de una gran diversidad y, por lo tanto,  difícil de comunicar. El texto que sigue intenta ayudar en este sentido.

Fronteras difusas

El desarrollo tecnológico genera no pocos problemas de fronteras entre las aplicaciones, las interfases, los lenguajes y las representaciones que tenemos de las cosas. Revisemos algunos ejemplos.

El lenguaje (en el sentido del uso) es una herramienta que nos permite dar cuenta de la experiencia humana. Gracias a él uno puede describir lo que sucede, lo que ve o lo que siente;  pero en otro sentido, este mismo lenguaje (en el sentido del ser) es el que  define la existencia de algo, nombrándolo. La explosión del conocimiento ha abierto muchísimos campos de acción específicos y una de las dificultades con las que nos encontramos a menudo, quienes trabajamos en alguno de esos dominios, es definirlo con palabras. ¿Cómo se llama la actividad que hacés?… ¿De qué trabajás? Mientras no podamos nombrarla permanecerá en el terreno de lo difuso y será difícil que alguien entienda para qué podría servirle.

Otra frontera difusa que el lenguaje comparte con los mundos virtuales (ambos tienen casi la misma estructura) es que designan realidades objetivas, pero las palabras no tienen materialidad. La palabra caballo no galopa, ni la palabra azul es un color. En el ámbito de la programación, un modelo de diseño orientado a objetos se refiere a entidades que son, en realidad, partes de un nivel de programación diferente. En términos de la cultura corriente, estamos acostumbrados a identificar objeto con algo tangible. En la virtualidad esta dupla funciona de otra manera (del mismo modo: un amigo en una red social no es igual a un amigo en  el universo off-line).

En la base tecnológica que sostiene el entramado de la virtualidad tenemos otro ejemplo: Un chip (también llamado semiconductor) es un dispositivo que convierte energía eléctrica en datos. Para decirlo de una manera elemental: El calor varía las propiedades del silicio como conductor de la electricidad. Este principio se utiliza para abrir o cerrar circuitos diminutos haciendo pasar pequeñas corrientes eléctricas a través de ellos. Una nomenclatura matemática de base 2 (numeración binaria) permite asignar uno de esos números (el uno) al circuito abierto, y el otro (el cero) al circuito cerrado. Puestos en el escenario, cada uno de los números se llaman bits. Usando esta notación se escriben todos los programas informáticos. Hacen falta (como mínimo) 8 bits, para describir un caracter. Esto es un byte. Y también lo que revela el origen de esa secuencia de números que usted ve habitualmente  asociada a la informática: 8, 16, 32, 64, 128, 256, 516, 1032… Todas son potencias de 2: al cubo, a la 4ta, a la 5ta, etc.

Un brazo y un chip

Un chip procesa unos cuantos millones de instrucciones por segundo (basado en aquella operatoria elemental: 1= abierto, 0=cerrado) y esa posibilidad está abriendo paso a las aplicaciones más insólitas. Baja Beach Club de Barcelona fue la primera discoteca del mundo que implantó un sistema de identificación insertando un chip bajo la piel a los clientes del local. Eso les permite prescindir del documento de identidad y de la tarjeta de crédito.

Esta relación entre un chip y el cuerpo humano no es extraña. También en nuestro cuerpo hay fronteras difusas similares a las del chip: Los músculos son los dispositivos encargados de tramitar la conversión de energía química en mecánica. El ácido láctico que se genera entre las fibras de ese tejido, es el combustible que la maquinaria muscular necesita para trabajar.

Uno sólo de los chips que componen un teléfono celular de tercera generación, tiene más tecnología que la computadora que puso la Apolo 11 en la Luna. Siguiendo esta flecha de desarrollo, no sería extraño que esos implantes de chips, que ahora se hacen bajo la piel, en unos años más circulen directamente por nuestra sangre encargándose de realizar alguna tarea específica.

Un cambio en la escritura

Las primeras páginas web, estaban escritas en un lenguje (html) que deriva directamente del modelo de escritura de la imprenta.  Según informa la Wikipedia:

HTML, siglas de HyperText Markup Language (Lenguaje de Marcado de Hipertexto), es el lenguaje de marcado predominante para la elaboración de páginas web. Es usado para describir la estructura y el contenido en forma de texto, así como para complementar el texto con objetos tales como imágenes. HTML se escribe en forma de “etiquetas”, rodeadas por corchetes angulares (<,>). HTML también puede describir, hasta un cierto punto, la apariencia de un documento, y puede incluir un script (por ejemplo Javascript), el cual puede afectar el comportamiento de navegadores web y otros procesadores de HTML.

Una fuente tipográfica es un modelo visual de un alfabeto. Aun conteniendo los mismos caracteres, uno por uno, la forma y la estructura de su trazado, inducen significantes que van más allá de los que tenga la palabra que se componga con ellas. Las palabras dicen, pero la forma de la escritura también dice, subraya.

El modelo Gutenberg de escritura agrega los significantes del diseño de las fuentes al texto que se escribe, porque no se pueden separar el diseño formal y su significante como signo. Algo parecido sucede en el lenguaje html: la forma de la escritura incluye algunos aspectos que corresponden a la apariencia del texto, a la representación.

Acaso uno de los fenómenos de transformación cultural más importantes de toda la historia de la humanidad, haya empezado a producirse a partir de un cambio en la escritura del lenguaje de programación que permite mostrar páginas en la web. De html pasamos a xml, que, como se explica en la Wikipedia,  no es en realidad un lenguaje, sino un metalenguaje, una manera de gestionar diferentes lenguajes, de acuerdo a las circunstancias

XML, siglas en inglés de Extensible Markup Language (lenguaje de marcas extensible), es un metalenguaje extensible de etiquetas desarrollado por el World Wide Web Consortium (W3C). Es una simplificación y adaptación del SGML y permite definir la gramática de lenguajes específicos (de la misma manera que HTML es a su vez un lenguaje definido por SGML). Por lo tanto XML no es realmente un lenguaje en particular, sino una manera de definir lenguajes para diferentes necesidades. Algunos de estos lenguajes que usan XML para su definición son XHTML, SVG, MathML.

XML no ha nacido sólo para su aplicación en Internet, sino que se propone como un estándar para el intercambio de información estructurada entre diferentes plataformas. Se puede usar en bases de datos, editores de texto, hojas de cálculo y casi cualquier cosa imaginable.

XML es una tecnología sencilla que tiene a su alrededor otras que la complementan y la hacen mucho más grande y con unas posibilidades mucho mayores. Tiene un papel muy importante en la actualidad ya que permite la compatibilidad entre sistemas para compartir la información de una manera segura, fiable y fácil.

Esta es la base de la revolución 2.o. Una movida tecnológica con un fuertísimo impacto en las prácticas y por lo tanto en la cultura de uso, que -como ha dicho el consultor Clemens Vasters- es el primer término tecnológico que no describe nada sobre tecnología.

Lo que antes era una página web hoy es un blog, un dispositivo infintamente más versátil y sencillo de operar, que funciona como una combinación de una plantilla (que le aporta el aspecto formal y está estructuralmente separada de su contenido) y una base de datos que, desde lo estético es irrepresentable.

Eso significa que usted puede usar un blog como usa un cuaderno o una libreta (los españoles le llaman bitácora), pero en realidad es mucho más que eso en cuanto a sus potenciales prestaciones. Para aprovechar las ventajas que le ofrece este dispositivo, tiene que involucrarse en el universo 2.0 y mover algunas prácticas.

Se plantea entonces otra cuestión: necesita aprender a hacer cosas que no sabe y mudarse de algunos paradigmas  ¿Tiene disponibilidad emocional para eso?

(esta historia continuará…)
 
 

Fuente de la imagen: FlickrCC


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Category: Culturas, Destacado, Instalaciones Digitales 2.0, nA

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