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¿Qué competencias y para qué sociedad?

Si se pone el foco en cómo las transmisiones en vivo cambiaron el carácter de la televisión y la radio, es posible encontrar allí un punto sin retorno en la cultura de uso de los medios. Un verdadero cambio de paradigma. A partir de que las emisoras salieron del estudio a transmitir desde el lugar mismo donde sucedían los hechos, los usuarios-consumidores empezamos a reconocerlas como el nexo inevitable con la realidad. Expresiones como: Poné la tele a ver qué pasa o lo dijo la radio esta mañana, no son más que construcciones lingüísticas que dan cuenta del fenómeno.

Esta posibilidad cierta de documentación, del ojo que mira por encima del riesgo para que nosotros veamos en la comodidad del living, se convirtió después en un relato acerca de la realidad, al calor de las disputas por otros intereses. La realidad que nos cuentan los medios pasó a ser parte de la batalla por el control de las audiencias.

Aunque hay ejemplos a montones, baste un botón para muestra:

Durante las inundaciones en New Orleans, provocadas por el huracán Kathrina, en la misma situación los epígrafes de las imágenes variaban según el color de la piel de las víctimas, en el mejor estilo Lombroso:

Si es negro saqueó para conseguir lo que lleva en la mano, si es blanco, lo encontró.

Fuente y crédito de la imagen:Cazando biosbardos

Luego explotó Internet y por primera vez apareció la posibilidad potencial de que las comunicaciones tuvieran relatos polifónicos. Cualquiera podría expresarse. La revolución 2.0 ha empezado a poner en manos de la gente común esa posibilidad.

En los albores del 2009, el mundo aprendió cómo esta explosiva combinación de posibilidades podía hacer temblar a uno de los gobiernos más duros del planeta -y burlar todo el dispositivo de censura-  básicamente a manos de gente común que portaba herramientas 2.0: Twitter y Facebook.

En un entorno muchísimo más doméstico Darío Gallo,  editor general de Perfil.com, decía hace algún tiempo que ya no se puede organizar un evento sin contratar por lo menos dos twiteros experimentados para que lo transmitan en vivo por la red social.

Este señalamiento, en boca de un jugador fuerte del medio, contiene al menos dos indicaciones: que estamos presenciando la aparición de nuevas profesiones y que efectivamente la tarea del cronista especializado, ha empezado a distribuirse en los usuarios de herramientas que manejen conectividad.

Estas ideas, que todavía no hacen masa crítica, hablan sin tapujos de la constitución de un punto de no retorno en la cultura de uso. ¿Cuánto tardará en conformarse la masa crítica? Imposible saberlo, aunque se puede arriesgar algo: será más rápido de lo que usted se imagina.

A la radio le llevó 38 años conseguir 25 millones de usuarios. A la tele 13 años, a Internet apenas 4. Facebook apareció en 2004. En 16 años aloja a 500 millones de usuarios. Si fuera un país, sería el tercero en población del mundo, detrás de China e India, o -si prefiere la comparación- tiene la misma cantidad de gente que la que hay sumando las poblaciones de Estados Unidos y Brasil.

Las TICs en general y las redes sociales en particular, permiten  expandir las habilidades cognitivas y expresivas del sujeto, porque lo reconocen como sujeto cultural, al otorgarle la palabra. Sin embargo no todas las personas tomarán este desafío en sus manos. No porque no tengan acceso a la tecnología, sino porque entre poder y no poder se depliega una extensa brecha lingüístico-cultural.

Aunque la neutralización de ese hiato es un desafío que corresponde básicamente al sistema educativo, no es menos cierto que en muchas empresas se sigue pensando la capacitación de espaldas a estos indicadores.

Está claro que estamos presenciando el despliegue de nuevas condiciones para desarrollar ciudadanía. Todavía no sabemos muy bien cómo hacerlo, pero hay mucha gente practicando todo el tiempo! También está claro que el mundo del trabajo se va moviendo cada vez más hacia privilegiar los cambios en la posición tradicional del trabajador dentro de las organizaciones. Se le reclama que ponga en juego sus talentos, sus emociones, su creatividad, su responsabilidad personal frente a las tareas que debe desarrollar dentro de la empresa.

Pero son pocos todavía los casos donde se aborda con franqueza el debate acerca de la incidencia del contexto tecnológico en las nuevas prácticas. La mayoría de las compañías prefieren ubicar un Community Manager cuando necesitan responder a las demandas de los usuarios en las redes sociales, generando un nuevo puesto de trabajo, pero también resolviendo artificialmente en una situación de cambio en la que todo su personal está expuesto.

¿No estaría más en línea con las demandas de las organizaciones que miran el Tren de las claves y reclaman fidelidad y compromiso hacia adentro y hacia afuera, que empezaran a pensar que cada uno de su trabajadores puede ser un apoyo valioso en la conversación dentro de las redes sociales?

¿No aportarían ellos más valor a la conversación, conociendo la empresa desde adentro, como la conocen y ayudando a sostener el andamiaje en el ciberespacio, que el más lúcido de los Community Managers?

¿Cuántas de las personas que hoy trabajan dentro de una organización estarían dispuestas a tomar el desafío si se les capacitara para pensar en ello?

En definitiva, cada vez que se piensa en un programa de capacitación, se está apuntando a sostener y profundizar un modelo?

¿En qué modelo se está invirtiendo hoy?

Fuente de la imagen: Flickr CC


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Categoría: Capacitación, Destacado, nA

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