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Publicaciones


Cuadernos de Campo. Editorial Campo Grupal. Buenos Aires, Agosto de 2008.
Proyecto editorial y coordinación del Nº 4:
Educación mediada por TICs

Autores: Daniel I. Krichman, Paula Pérez, Mateo Gómez Ortega, Fabio Tarasow, Gabriela Spadoni, Graciela Canta, Román Gelbort, Cecilia Sagol, Cynthia Brodschi, Guillermo Lutzky, Fernando Irigaray, Gabriela Sellart y Edith Litwin.

Proyecto blog asociado: Cuaderno Educación con TICs

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Capacitación para construir sentido
Daniel I. Krichman
ISBN 987-97601-0-7
Formato 15.5 x 21 cm
270 páginas
INM -1999-Buenos Aires

Hoy quizás más dramáticamente que nunca, el estruendoso fracaso de la mayoría de las llamadas técnicas de liderazgo, casi todas ellas basadas en una intranquilizadora ética de la urgencia, reclama un trasfondo de orden, de maduración y crecimiento personal como pre-requisito insoslayable para cualquier tipo de liderazgo.

Lo primero será entonces comprender que liderar significa ante todo liderar-se. Tomar el control de la propia vida, salirse de la deriva de la incertidumbre, encontrarle un sentido y una dirección a la propia existencia.

No importa qué tanta profundidad podamos alcanzar en ese análisis. Normalmente no será demasiada al principio. Pero lo que realmente importará es aprender a establecer metas u objetivos a corto, mediano y largo plazo y trazar un plan de acción que nos permita trabajar productivamente para alcanzarlos.

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Tipografía para Diseñadores
Daniel I. Krichman
ISBN 950-432154-2
Formato 19 x 32 cm
270 páginas
Agotado

MIL PALABRAS

Norberto Chaves / Buenos Aires, Agosto de 1988.-

El socorrido proverbio oriental una imagen vale por mil palabras, utilizado hasta la saciedad por el muy occidental mundo de los mass media ha servido más como excusa de la mala conciencia que como instrumento de la lucidez. Pues en ella se ha escudado, a modo de coartada, la pereza intelectual de varias décadas de alienación iconográfica. Al uso oportunista de aquel proverbio, una observadora crítica de las tendencias y desviaciones de la cultura estética contemporánea –Nelly Schnaith– contestaba agudamente que tal afirmación sólo es cierta cuando esas mil palabras fueran efectivamente leídas en la imagen.

La estampida iconográfica, fruto de la masificación del consumo de mensajes, captó la atención, el interés y el grueso de la actividad técnica y teórica de los comunicadores visuales y, recíprocamente, el discurso verbal fue perdiendo adictos. Y fue perdiendo, incluso, a los encargados de la reproducción idónea del mensaje escrito. Una suerte de barbarie tipográfica ha tomado por asalto los rótulos comerciales, las carátulas de televisión, la prensa escrita, e incluso, la propia actividad editorial.

¿Cómo explicar la lamentable depreciación de un antiquísimo saber –el tipográfico– sino por la eficacia de una nueva ideología cultural que explícitamente le niega al texto toda jerarquía? Consciente o inconscientemente, anunciantes, profesionales de la comunicación y escuelas de diseño padecen en algún grado esta ideología y la transcriben al paisaje de los mensajes sociales.

Una suerte de amnesia radical parece haber disuelto los lazos entre la letra y el mundo, sepultando en el olvido esa laboriosa génesis de los símbolos abstractos a partir del primitivo universo de íconos. Nada cueste, entonces, detectar la relación de tal pérdida con la decadencia del propio discurso verbal, hoy empobrecido en prácticamente todos los dominios de la cultura, degradado al rango de mera retórica vacía, asumidamente irrelevante.

En este contexto, ardua resulta la empresa de redescubrir ante los ojos de una sociedad intoxicada por los vidrios de colores la profunda belleza y mágica eficacia de un alfabeto, los timbres, ritmos y cadencias presentes en una frase escrita bien compuesta.

No obstante lo anterior, la historia de la cultura, que adopta todas las formas menos la lineal, puede aún depararnos sorpresas. Y no es improbable que en su itinerario errático, vuelva con las retinas exhaustas y el espíritu sediento, a transitar por el sereno disfrute de la palabra justa y, por lo tanto, de su perfecta escritura.

Desde el temple de tal expectativa, un catálogo general de tipografía que proponga herramientas eficaces para el bienhacer gráfico adopta, de pronto, la dimensión de un manifiesto de recuperación cultural; y como tal, merece ser celebrado.

 

 

 

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