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Paradojas de paradojas

Como viene sucediendo, reproduzco aquí algo de mi producción en  conversaciones que se están produciendo en espacios que ha generado Eduardo Remolins:  El economista en piyama y la lista Zona F, esperando que puedan aportar a la perspectiva de lo que hacemos y al interés de quienes nos leen.

En este caso, me pareció interesante señalar la distancia que existe entre  los planteos estratégicos y las implementaciones, sobre todo cuando se trata de formatos sociales y cambios culturales,  donde la materia con la que se trabaja es la subjetividad.

Hay que hacer una distinción que no es menor. Personalmente no suscribo la idea de hablar de la sociedad del conocimiento. Me parece más apropiado (aunque con reservas) nombrarla como la sociedad de la información.

Tasaka dice:

el conocimiento perderá su valor. Hace 10 años una persona era era valorada por su talento, pero hoy en día a través del teléfono móvil, o de un ordenador, podemos acceder a todo el conocimiento del mundo.

Hay que diferenciar varias cosas: Información no es conocimiento. Pensar eso sería creer que Google sabe porque encuentra coincidencias en la Web, comparando con lo que consultamos, y las presenta según un orden de mérito determinado.

Lo que es abundante y gratuito en la actualidad es la información, no el conocimiento. Justamente como la infomación crece sin parar, superando toda posibilidad humana de metabolización, se ha vuelto necesario modificar la manera de producir conocimiento a partir de la información.

Uno de los saberes que es necesario construir conforme a esta nueva realidad es el que se relaciona con el manejo de herramientas tecnológicas (TICs, en general; 2.0 en particular) que permitan optimizar la búsqueda de información. Esto de ninguna manera reemplaza o indica que pueda ser omitido el proceso de aticulación, configuración, valoración, clasificación, etc. que supone el acto reflexivo (exclusivamente humano, hasta ahora) durante el cual se convierte la información en conocimiento.

Cuando uno sitúa estas afirmaciones en la realidad, es inevitable relativizar los dichos del orador: No cualquiera puede acceder a toda la información disponible, aunque la barrera -acaso por primera vez en la historia del capitalismo- no sea el dinero para pagar los costos operativos. La (mal) llamada brecha digital es en realidad una frontera lingüístico-cultural, mucho menos porosa y más impermeable que los impedimentos operativos que pudiera producir la tecnología.

Algo similar sucede con la afirmación de que la inteligencia colectiva es mejor que la individual. En la teoría, el planteo difícilmente pueda ser rebatido, sobre todo en cuanto a que la propuesta organizativa tenga forma de ecosistema. En la práctica suceden cosas que relativizan su implementación: como fenómeno social, todavía es marginal y está en poceso de maduración. Como proceso humano, confronta con algunas de las emociones atávicas como el egoísmo (que remite a la supervivencia), o la sensación de la propia completud que nos impide pensarnos como seres fallados y, por lo tanto, falibles (la gestión del ego, a la que se refiere Tasaka)

Recién está empezando a desplegarse ese aspecto y estamos asistiendo a semejante producción de resultados. Habrá que ver hacia dónde evoluciona el sistema de relaciones y cómo y cuanto evoluciona la subjetividad en arreglo a esos cambios.

Yo también creo que hay que esperar transformaciones muy profundas a partir de la revolución 2.0.


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Categoría: Culturas, nA

Acerca del Autor ()

Soy Diseñador de Comunicación, Estrategias Digitales y de Capacitación. Ayudo a las personas y a las organizaciones a instalarse en la Web 2.0, a integrar sistemas, herramientas, culturas, metodologías y lenguajes colaborativos. Podés encontrarme en Google+, en Facebook o en LinkedIn.

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