marketing social media

¿Quién twittea?

twitter_dios1Poder identificar al emisor de un mensaje siempre ha sido un valor agregado para la comunicación. Aunque uno sabe que los diarios están escritos por personas, tradicionalmente una columna con firma tiene más valía, periodísticamente hablando, que aquellas que están escritas por escribas parapetados masivamente tras la etiqueta redactores.

Este hecho, que -en los medios tradicionales- podría pensarse solamente como una cuestión de escalafones, adquiere una perspectiva nueva con el uso masivo de las redes sociales.

Dos paradigmas centrales sostienen los intercambios en el ancho universo de las redes: se trata de conversaciones, y el plano en que éstas se producen siempre es horizontal.

Aunque este esquema convive con modelos híbridos, sobre todo practicados por los grandes medios de comunicación en los que todavía prevalece la palabra sobrevaluada y la bajada vertical, la innegable masividad de las prácticas de intercambio en las redes sociales tiene suficientes méritos como para atribuirle status de modelo.

Tiene su lógica: en este intento por simplificar la ceremonia de contacto con desconocidos que plantea el modelo comunicativo de los socialmedia, una de las cuestiones que viene a repetirnos es: Las personas son las que conversan. Aún cuando esa persona esté hablando en nombre de una organización, sigue siendo una persona.

Si uno lee con detenimiento las tesis del Tren de las claves, parece evidente el mensaje: ya no te escondas detrás de una institución, ni de tu supuesto poder, ni de lo que supones que sabes y te hace mejor.

Twitter, en este tema, aparece como un caso paradigmático: ¿Quién twittea?. La red tiene capacidad de mutación y flexibilidad como ninguna otra. Funciona tanto como un sistema de alerta temprana o como un centro de consultas express. Ha permitido direccionar protestas que terminaron con la carrera de funcionarios y directivos de las organizaciones más diversas. Las quejas de los usuarios, vehiculizadas a través de esta red consiguen ser escuchadas muchas más veces que las que se realizan por los canales orgánicos para ello. A través de ella se promueven temas musicales, películas, libros, conferencias, colectas, acciones comunitarias, eventos de todos tipo y siempre se muestra eficiente.

De la combinación de uso de la plataforma de Twitter con un smartphone, aparece la posibilidad de transmitir eventos en tiempos real. Y si a ellos se suma un sistema de streamming, es posible participar de un evento, interactuando con el público y el/los expositores… sin estar necesariamente en el lugar donde el evento se está llevando a cabo.

Siempre se trata de personas y de 120 caracteres. La sinergia se produce entre usuarios (personas), y se canaliza a través de este fenomenal sistema de microblogging.

No viene mal recordar que toda su capacidad para viralizar los contenidos del sistema, tiene que ver, no con la plataforma en sí, sino con la red que uno gestione a través de la plataforma.

Paradójicamente, el mayor potencial de esta red está anclado en su fragilidad, en su labilidad. Es por su extrema liviandad que puede hacer lazo y trama con tanta facilidad.

¿No resulta contradictorio con la propia herramienta y con los paradigmas de las redes sociales intentar sumar el peso simbólico de un institución asociándolo al usuario de Twitter?

¿Por qué esconderse detrás de una marca o un rótulo o un sello o una imagen, si también en la vida no virtual las decisiones y las prácticas pasan por personas reales?

¿Acaso no se endurece la comunicación interponiendo una marca o una institución, sabiendo que del otro lado lo que se percibe es que se habla con un sujeto parapetado en el anonimato? ¿No tiene más sentido que el usuario de una organización o de una marca incluya una manera de identificar a la persona que hace la tarea de twittear?

Aunque alguien podrá decir que hay cebollas o tomates que twitean (esto me recuerda a aquellas publicaciones del Reader Digest: Yo soy el pulmón de Juan), personalmente creo que ni las instituciones ni los objetos twitean, que son personas hablando desde las instituciones, de las organizaciones o de los objetos las que lo hacen y mantener eso en claro ayuda a mejorar la comunicación.

¿Cuál es tu parecer sobre este tema?

 

 

 


votar

Tags: ,

Categoría: Culturas, nA

Acerca del Autor ()

Soy Diseñador de Comunicación, Estrategias Digitales y de Capacitación. Ayudo a las personas y a las organizaciones a instalarse en la Web 2.0, a integrar sistemas, herramientas, culturas, metodologías y lenguajes colaborativos. Podés encontrarme en Google+, en Facebook o en LinkedIn.

Comentarios (1)

Trackback URL | Feed RSS de Comentarios

Sitios que enlazan con este post

  1. Bitacoras.com | 05/03/2013

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: